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Ronald
Hill Álvarez
hillron@hotmail.com
January
18,2004-Nueva Guinea-RAAS-El 5 de marzo de 1965, un grupo de
campesinos originarios de los departamentos de Carazo y Madriz llegaron a
una inmensa zona boscosa ubicada en el sureste de Nicaragua en búsqueda
de un mejor lugar para realizar sus sueños: tener un pedazo de tierra,
hacerla producir y buscar la felicidad, ya que en su lugar de origen no
lograban alcanzar sus aspiraciones. Encontraron un verdadero paraíso,
llegaron a “el Edén” del trópico húmedo. Primero fueron 17 y luego
cientos hasta ser hoy más de 100 mil.
Toda
la riqueza que la madre naturaleza nos puede dar fue descubierta y
aprovechada por estos primeros “colonizadores” del municipio de Nueva
Guinea. Una montaña con diversidad de bosques primarios que alojaba a múltiples
especies de animales, atravesada por ríos y quebradas de aguas claras que
les brindaban, en conjunto, todo lo necesario para sobrevivir. Fue así
que iniciaron a construir sus primeras casas de tambo con techo de suita y
paredes de madera preciosa, recolectaban frutos, pescaban en los ríos y
cazaban diversidad de animales para sobrevivir en un mundo diferente, el
mundo que buscaban inspirados por el pastor evangélico, Miguel Torres, su
guía y protector. En poco tiempo comenzaron a llegar más campesinos
pobres del pacifico, expulsados de sus parcelas por el proceso de
concentración de tierras producto del “auge algodonero” teniendo como
protagonistas a nacientes empresas, políticos vinculados al gobierno de
Somoza y miembros de la Guardia Nacional.
El
Instituto Agrario Nicaragüense (IAN) aprovechó las condiciones para
impulsar una reforma agraria caracterizada por un proceso de colonización
ante la presión, cada vez mayor, de los que ya estaban en Nueva Guinea,
demandando atención en la zona, y por parte de los campesinos pobres de
occidente, desterrados de sus parcelas demandando tierras. Luego se dio
una segunda ola de colonizadores al hacer erupción el volcán Cerro Negro
y con el terremoto que destruyó Managua en 1972. Así nació el Proyecto
de Colonización “Rigoberto Cabezas” (PRICA). Entregaron parcelas de
50 manzanas en la primera etapa y con asesoría del gobierno de Israel y
fondos del BID se materializó el modelo de “la colonia”, asentamiento
rural concentrado con los servicios básicos necesarios y campesinos
dotados de tierra alrededor de esta, inspirado en el Kibutz israelí. Se
brindaron todos los servicios de apoyo: apertura de una sucursal del Banco
Nacional de Desarrollo para otorgar créditos agropecuarios con
la lógica de hacer fincas con despale indiscriminado del bosque,
apoyo con insumos y semillas, construcción de caminos, electrificación
rural, dotación de medios de transporte, aserraderos, centros de acopio
de granos básicos, construcción de escuelas, unidades de salud, pista de
aterrizaje, etc., etc. La organización social en la colonia giraba
alrededor de un administrador de colonia impuesto por el IAN que ejercía
la autoridad y tomaba la decisión de dar y quitar tierras, con la
participación de unos cuantos adeptos al régimen somocista. Nueva Guinea
se convirtió, como por arte de magia, en el granero de Nicaragua
sustentado principalmente en la producción de fríjol y maíz.
En
1979, con el triunfo de la Revolución Sandinista, el PRICA fue abortado.
Toda la lógica del IAN se desarticuló y la fase II del mismo no pudo
concluirse quedando muchas colonias con el proceso a medias. Los
rendimientos de las cosechas comenzaron a ser decrecientes. Se dio un
nuevo proceso de reforma agraria al confiscarse fincas de políticos
somocistas y miembros de la guardia nacional. Se promovió el movimiento
cooperativo así como grandes proyectos de cacao, caucho, etc. y se continúo
brindando servicios a los campesinos. A partir de 1983 la zona se
convierte en escenario de guerra y la economía local comienza a entrar en
crisis. Miles de familias campesinas emigran a Costa Rica, no en busca de
empleo, sino por su seguridad como refugiados. En 1988 el huracán Juana
afectó seriamente la infraestructura social y terminó con los vestigios
de la montaña que encontraron los primeros colonizadores. Al concluir la
guerra y con el triunfo electoral del gobierno de la UNO en 1990, miles de
familias regresaron para comenzar nuevamente y aún siguen llegando de
diferentes rincones del país.
Hoy,
39 años después, Nueva Guinea es uno de los municipios más productivos
de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) y del país, en el que
los campesinos han comenzado a amar la naturaleza y soñar con ver lo que
los primeros pioneros vieron y disfrutaron. El casco urbano, en el que
habitan unas 25 mil personas, es el eje articulador de la población y
actividades económicas que se desarrollan en 30 colonias y 183 comarcas,
mediante la prestación de diversos tipos de servicios, principalmente el
comercial. Su mayor tesoro es una población que se ha reconciliado, luego
de cicatrizar las heridas producto de una guerra entre hermanos; es
trabajadora, hospitalaria, solidaria con orígenes y cultura de diversos
puntos del país. Los niveles educativos de la población se han
incrementado en corto tiempo y tienen presencia las universidades URACCAN,
UPONIC y Martín Lutero. A la par de la riqueza material también existe
pobreza extrema debido a las desigualdades y falta de oportunidades en
igualdad de condiciones para todos. Los gobiernos municipales, los políticos
locales, no tienen la capacidad ni la visión para enfrentar los retos del
porvenir ni las aspiraciones de las nuevas generaciones. La sociedad civil
es débil y fragmentada sin liderazgo. Las instituciones del estado no
reciben el apoyo necesario del gobierno central y actúan sin articulación.
El municipio de Nueva Guinea no va hacia ningún lado solo y es urgente
que sea incorporado con representación formal en el Consejo Regional de
la RAAS, de la cual es parte, para continuar creciendo y alcanzar el
desarrollo sostenible en el marco de la Ley de Autonomía.
Ronald
Hill Álvarez
Nueva Guinea, RAAS
18 de enero de 2004
En los 39 años de la fundación de Nueva Guinea.
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