El recorrido entre ciudad
Rama y Bluefields es uno de los tantos atractivos que existen en esa
región por el disfrute de la brisa, lo apacigüe del río Escondido y, en
periodo seco o verano, por la limpieza y claridad de las aguas que
muestran el reflejo de las nubes y la vegetación que aun existe. Es una
sensación de contacto directo con la naturaleza. En poco tiempo, no más
de una hora y treinta minutos, se hace el trayecto y muchas emociones
brincan a flor de piel, principalmente cuando “el panguero” debe hacer
girar la embarcación en una de las muchas vueltas que tiene el río. Da
la impresión de ir volando sobre el agua porque la velocidad permanece
casi constante.
Años atrás la navegación
por el Escondido se realizaba en lanchones que transportaban carga de
todo tipo y pasajeros. El trayecto duraba unas doce horas y para su
comodidad los pasajeros tendían sus hamacas para descansar. Con el paso
de tiempo aparecieron los famosos “Bluefields Express”, permanentes aun
en la memoria por la canción que el grupo musical Dimensión Costeña
dedicó a estas embarcaciones. Salían muy temprano por la mañana de
Bluefields y llegaban a El Rama al mediodía para regresar a Bluefields
como a las cinco y media de la tarde. El viaje era cómodo y placentero
porque brindaban servicios de alimentación y bebidas creándose en el
recorrido un ambiente fiestero, que en la mayoría de las veces, siempre
culminaba por las noches en la ciudad de los campos azules. Ese era el
transporte más utilizado porque eran pocas las pangas que hacían el
trayecto y casi siempre las utilizaban usuarios apresurados por llegar a
su destino final teniendo que pagar viajes expresos de alto costo. En
ese entonces las pangas utilizaban motores fuera de borda de cuarenta y
cinco caballos de fuerza y muy pocas de setenta y cinco.
El oficio de panguero es
uno de los más fascinantes para los jóvenes. Recorrer los ríos y
lagunas, conocer lugares que solamente se oyen en las pláticas de los
mayores, viajar a alta velocidad y ganarse la vida honradamente son
motivos que a muchos los impulsaron a convertirse en pangueros
profesionales. Muchos nombres de pangueros están llenos de prestigio por
la responsabilidad con que asumían su labor llevando a los pasajeros con
puntualidad, prudencia, pericia, esmero, cortesía, educación y seguridad
a su destino final. Muchos de ellos fueron “pangueros oficiales” de
empresas e instituciones por muchos años debido a esos valores propios
característicos del oficio y algunos son hoy en día empresarios del
transporte acuático, con una flota de varias pangas de fibra de vidrio
con capacidad para transportar un promedio de veinte pasajeros con
motores impresionantes por su potencia.